mi rincón

Para Cristy con cariño

Escrito por kori 26-10-2006 en General. Comentarios (0)

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Hoja seca de otoño

Escrito por kori 25-10-2006 en General. Comentarios (3)

 

 

 

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   Estalló ocre el otoño sobre mí,

sobre la savia hambrienta de pasión,

estalló de repente y conocí

la sequía de la desolación.

 Soy hoja solitaria, macilenta,

sacudida por fría realidad

y me aferro, ya muerta, amarillenta,

a la rama de la felicidad.

  ¿Será el barro mi tumba, mi destino,

en el mundo de humana expiación?.

¿Será el cielo, o el infierno, un desatino?.

¿Viviré en celestial resurrección?

  La esperanza no muere en la caída

y yo espero un alegre amanecer,

seré abono de rama verdecida

y en la flor veré al sol resplandecer.

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Un ciego con luz

Escrito por kori 25-10-2006 en General. Comentarios (0)

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Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida. La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella. En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce. Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo. Entonces, le dice: “¿Qué haces, Guno, tú que eres ciego, con una lámpara en la mano? ¡Si tú no ves!”. Entonces el ciego le responde: “Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Conozco las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mí. No solo es importante la luz que me sirve a mí, sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella”. Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno mismo y para que sea visto por otros, aunque uno aparentemente no lo necesite.

La leyenda de la campana Susanna

Escrito por kori 25-10-2006 en General. Comentarios (0)

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En el año 1810, Girona (Catalunya) a pesar de su heroica resistencia, había caído en manos de los franceses. La mayor parte de la guarnición que quedó vigilando a la población civil, se sentía muy insegura. Los gerundenses no permitían que les fuera fácil la vida, y hacían todo lo posible por zafarse del invasor, acosándoles de mil maneras.

Una noche, los ánimos estaban particularmente encendidos en el cuartel de los franceses, a causa de una escaramuza de los catalanes que les había causado grandes pérdidas. Unos cuantos de entre ellos, decidieron que estaría bien dar un escarmiento a la población, saliendo esa misma noche, con todo sigilo, y penetrando en las casas, matar a cuantas personas pudieran sin reparar en su condición. Seguramente, esa acción enseñaría a los gerundenses quién estaba al mando en su ciudad y les quitaría las ganas de seguir combatiendo.

Y tal como lo habían pensado, cogieron sus armas y salieron a la calle con la furia en el alma.

Las calles de la ciudad estaban sumidas en el silencio y la oscuridad. Nadie les había visto. Nadie más que ellos sabía lo que se proponían hacer. Nadie podría salvar a las personas que se habían propuesto matar.

Estaban ya preparados en las puertas de las primeras casas en que pensaban entrar, cuando de pronto, una de las campanas de la catedral empezó a tocar a rebato. Su sonido era más fuerte que nunca y parecía rebotar en todas las paredes de las casas y ampliarse infinitamente hasta llegar al último rincón de la ciudad.

Todas las ventanas se llenaron de luces, todo el mundo se preguntaba que pasaba. Los gerundenses salieron a las calles, miraban al campanario y, asombrados gritaban: "¡ Es la Susana, es la Susana...!"-, que tal era el nombre que recibía aquella campana.

Cuando el párroco subió al campanario, vio que la campana se balanceaba sola, impelida por una fuerza infinitamente más poderosa que la de cualquier ser humano.

Nadie dudó de que aquel hecho extraordinario, había salvado a la ciudad de un terrible peligro, pero sólo se supo cual había sido, cuando uno de los soldados, conmovido por los sucesos de aquella noche, contó lo que se había tramado contra la población en el acuartelamiento de los franceses.

No juzgues antes de tiempo

Escrito por kori 23-10-2006 en General. Comentarios (1)

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Un niño de 10 años entró en un establecimiento y se sentó en una mesa. La camarera se acercó. "¿Cuánto cuesta un helado de chocolate con cacahuetes?", preguntó el niño. "Cincuenta centavos", respondió la camarera. El niño sacó su mano del bolsillo y examinó unas monedas. "¿Y cuánto cuesta un helado solo?", volvió a preguntar el niño. Algunas personas estaban esperando por una mesa y la camarera ya estaba un poco impaciente. "Treinta y cinco centavos", dijo ella bruscamente. El niño volvió a contar las monedas. "Entonces quiero el helado solo", dijo el niño. La camarera trajo el helado, puso la cuenta en la mesa y se fue. El niño terminó el helado, pagó en la caja y se fue. Cuando la camarera volvió, empezó a limpiar la mesa y entonces le costó tragar saliva con lo que vio. Allí, puesto ordenadamente junto al plato vacío, había veinticinco centavos... su propina. Moraleja: jamás juzgues a alguien antes de tiempo.